
Cuando la pantalla por fin pudo mostrarlo todo
Una parte de la transformación de los últimos años tiene que ver con el hardware. Durante mucho tiempo, las pantallas domésticas y los móviles trabajaban con gamas de color más reducidas y con menos capacidad para represnetar brillo, contraste y matices. Con la expansión de paneles compatibles con Display 3, Apple ha llegado a señalar que ese espacio de color puede mostrar un 50% más colores que sRGB, mientras que Dolby y otros actores del sector están implementando formatos HDR y flujos de trabajo con la intención de lograr una imagen más viva y profunda.
Eso cambió por completo la estética del ocio digital. Ahora que una película, un videojuego, un juego de casino en vivo… pueden tener rojos más intensos, negros más profundos y transiciones de luz mucho más finas, los desarrolladores están en posición de explotar ese potencial. Dolby describe su tecnología Dolby Vision como una combinación de alto rango dinámico y amplia gama cromática para ofrecer más color, contraste y detalle, mientras que Consumer Reports resume el efecto del HDR de una forma más terrenal: imágenes más brillantes, más vivas y con una variedad de color mayor, más cercana a la vida real.
El color y el sonido dejaron de ser decoración
La otra mitad de la historia está en el diseño de interacción. El color, además de para crear una imagen más atractiva visualmente, también funciona como indicativo para el usuario: qué mirar, qué tocar, qué premio acaba de ganar o qué peligro tiene delante. El feedback visual ayuda a entender qué está ocurriendo, qué se puede hacer a continuación y cuál ha sido el resultado de una acción. El sonido tiene una capacidad similar: puede comunicar información, expresar emoción y enseñar cómo funciona una interacción. El brillo de un botón, el destello de una recompensa o el sonido breve de una acción acertada no son caprichos, son señales intencionales de los creadores para dar más información a los usuarios. Esto se ve mucho mejor en el sector de los videojuegos. Una revisión científica sobre exergames concluyó que el feedback, el desafío y las recompensas son mecanismos que aumentan el disfrute (como se puede ver con los pases de batalla), y además observó que una retroalimentación más rica y detallada se asocia con más implicación. Otro trabajo sobre criterios de calidad en serious games recomienda el feedback simultáneo visual, sonoro y háptico, junto con refuerzos positivos y recompensas reconocibles. Es decir, la explosión de color y sonido tienen que ser intencionales, con la misión de que la acción sea más clara, gratificante y memorable.
Y aquí entra la economía de la atención. Desde hace décadas se repite la idea de que, cuando sobra información, lo que es escaso es la atención del usuario. Esto ahora se ha convertido en un principio de mercado, con investigaciones académicas y documentos demostrando la competición de muchas plataformas digitales para retenernos más y optimizar cada segundo de la permanencia. En este contexto, lo visual y lo sonoro son herramientas muy eficaces para cortar el ruido del entorno y convertir la experiencia en algo difícil de ignorar.
Más espectáculo, sí, pero también más intención
Sería un error reducir todo este fenómeno a manipulación o exceso visual. El uso inteligente de control también mejora la comprensión y la accesibilidad. El W3C recuerda que el color es un recurso importante para la estética, la usabilidad y la accesibilidad de los contenidos digitales, pero también advierte que la información tiene que depender de algo más que de diferencias cromáticas. Este matiz es clave: el buen entretenimiento digital usa el color para impresionar, pero también para organizar la experiencia, crear jerarquías y facilitar la lectura del entorno.
Por eso, el futuro apunta a experiencias cada vez más afinadas. Con paneles mejores, colores más precisos, audio espacial, háptica más integrada y sistemas capaces de adaptar la presentación al dispositivo, el entretenimiento digital tiene margen para ser más inmersivo sin caer en el exceso. El reto está en encontrar el equilibrio entre impacto y claridad: seguir seduciendo al ojo y al oído, sí, pero sin convertir cada segundo de ocio en una feria permanente. Lo sofisticado no es llenar una pantalla de neones, es saber cuándo un destello, un tono o una vibración bastan para que el usuario sie




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