Fernando Torres le dijo adiós al Atlético de Madrid con un 'doblete'

Fernando Torres le dijo adiós al Atlético de Madrid con un 'doblete'

Tras 16 años, el 'Niño' seguirá su carrera lejos del 'Colchonero'

Fernando Torres se despidió del Atlético de Madrid entre la emoción, dos goles suyos y un 2-2 ante el Eibar, un marcador sin transcendencia en un día tan especial, en el adiós como rojiblanco de un ídolo que soñó de niño con lo que es ahora y que se va con el mayor triunfo: el amor de su afición.

Una victoria que no sólo se mide en partidos, muchos (404), ni en goles, muchos también (129), ni en títulos, sino en cariño, en agradecimiento, en pertenencia, en pasión y en sentimientos, en cada una de las muestras de afecto que genera Torres entre su hinchada y viceversa, en una vida ligada por siempre a los colores rojiblancos.

La despedida de una leyenda del equipo rojiblanco, con un vínculo inquebrantable para siempre entre ambos, 16 años juntos sobre el césped. El motivo que acaparó un Metropolitano para agradecerle tanto, honrarle como se merece y homenajear a uno de los suyos; un ídolo, mucho más que un futbolista, un atlético eterno.

Este domingo, como capitán, con el trofeo de la Liga Europa para ofrecérselo a su afición, con un estadio que explotó cuando coreó su nombre y con un partido, el último como rojiblanco, en el que le aguardaban muchas emociones que permanecerán para siempre en su memoria dentro de una fiesta, pero con un invitado incómodo.

Despedida con goles

En un duelo entretenido, las ocasiones habían sido del Atlético, cuando  Fernando Torres rozó el gol primero con un disparo demasiado cruzado y después con un remate en una preciosa acción por la izquierda entre Vitolo y Filipe Luis; luego también, con el 1-1 apenas siete minutos después del 0-1. Lo firmó el homenajeado.

La jugada la comenzó Gabi, con un pase estupendo, con el que, junto al desmarque de Correa, desarmó la defensa adelantada de su adversario, con el argentino ya con el balón hacia la portería Dmitrovic, con Torres a su lado, justo para recibir el regalo de su compañero para marcar el gol, para añadir más festejos al día (1-1).

El estadio 'estalló' como nunca. No era un gol más. Era de Torres. No fue el último, aún le quedaba otro, el del 2-1, a la carrera, con una definición sutil ante Dmitrovic a la hora del partido, con una jugada muy de las suyas, con la que tantas y tantas veces ha hecho feliz a sus aficionados, hoy por enésima ocasión.

El Atlético ya jugaba entonces con diez, por la expulsión por doble amarilla de Lucas Hernández, y sufría con el 2-1, nivelado con un golazo de Rubén Peña desde fuera del área, que completó el empate del Eibar en la fiesta de Torres, sin los tres puntos, pero con el mejor premio para un jugador: el cariño para siempre de su hinchada.

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