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Ocho de la noche del último miércoles. En EL BOCÓN preparamos la portada del día siguiente, haciendo revista a las principales noticias del día. Entre todas, destaca la cobarde ola de mensajes que ciertos malos barristas publicaron en redes sociales amenazando al plantel de Alianza Lima. Las advertencias afirman que al día siguiente (jueves) buscarán a jugadores y comando técnico para ‘ajustarlos’ y pedirles explicaciones luego de la bochornosa derrota 0-4 ante Huracán. Sabemos que estos supuestos hinchas no están jugando y que muy probablemente cumplirían sus amenazas. Por ello, en un primer momento, creemos que este debe ser el tema principal que ilustre nuestra portada, aunque rápidamente declinamos de hacerlo. Y lo hacemos porque entendemos que el periodismo no puede ser nunca la tribuna de un grupo de delincuentes que amenazan desde el anonimato de una barra.
Los medios de comunicación no estamos para darles protagonismo a personas sin escrúpulos, que se sienten en la libertad de amenazar y amedrentar sin por ello recibir castigo. Nuestra labor, en cambio, es la de denunciar a estos malos hinchas y sus matonescas actitudes. La de exigir responsables y castigos ejemplares.
Por ello condenamos de forma tajante los hechos ocurridos ayer en Matute. Porque aunque genere pasiones desmedidas e irracionales, el fútbol no es más que un simple juego que nos hace la vida más llevadera y feliz. La cosa más importante entre las cosas sin importancia.
Increíblemente, este terrible episodio pudo evitarse. Hizo mal la dirigencia aliancista en no tomar las previsiones del caso, sobre todo estando sobre aviso de las intenciones de los agresores, por lo que parte de la responsabilidad de los sucesos debería recaer en la dirigencia íntima. Estamos seguros de que la falta de seguridad fue causa de un terrible error de omisión, un error cuanto menos cándido, pero que contraviene uno de los deberes fundamentales de todo empleador: garantizar la seguridad de cada uno de sus trabajadores mientras se encuentren en su centro de labores.
Si hace unos días se habló de vergüenza internacional por el pobre partido de Alianza ante Huracán, hoy la vergüenza es mil veces más honda. La violencia debe parar ya, porque con cada episodio de estos el fútbol peruano va muriendo, poco a poco.
