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Resaca de la violencia

La columna del director
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Actualizado el 13/02/2015, 09:49 a.m.

Se venía venir. El Onagi, al mando de Daniel Urresti, tomó la decisión de castigar al club Alianza Lima, prohibiéndole jugar como local en la capital, luego de los hechos violentos que protagonizaron malos barristas en el predio de Matute, y que trajeron como consecuencia la agresión de un puñado de jugadores blanquiazules.

La medida, aunque drástica, se sostiene en la proporcionalidad del daño. No es necesario analizar demasiado el episodio para entender que lo del jueves 5 de febrero fue un hecho sin precedentes, que terminaba por colocarnos en el escalafón más bajo de la civilidad deportiva.

No es normal, pues, que un grupo de sesenta desadaptados ingresen a un estadio y golpeen sin más ni más a jugadores que, en la derrota o en el triunfo, no hacen más que cumplir con su trabajo. Tampoco es normal que a pesar de las amenazas previas, el club aliancista no haya tomado las previsiones del caso. Ni que horas antes del absurdo episodio de violencia, la administradora Susana Cuba haya remitido sendas cartas al plantel -a manera de memorándum- en las que acusaba a los jugadores de hacer caso omiso a las indicaciones del técnico Guillermo Sanguinetti, durante el partido que Alianza cayó vapuleado por 0-4 ante Huracán de Argentina. Para la señora Cuba, el nivel mostrado por sus jugadores en aquel partido no podía ser visto como algo menos que una falta grave, por lo que correspondía un recorte del 50% del sueldo de cada uno de los implicados. Una sanción que, vista desde la lógica y la racionalidad, era una burla sin sustento alguno.

Así pues, la sanción impuesta por el Ministerio del Interior, aunque severa, tiene sustento y asidero. Un castigo que perjudica tanto a los malos hinchas como al propio club, que no supo reaccionar ante claras amenazas de violencia, y que en vez de salvaguardar la seguridad de sus jugadores, intentó amedrentarlos y castigarlos -ahí donde más les duele- por el bajo rendimiento del plantel durante un partido.

Universitario y Sporting Cristal, los otros equipos grandes de nuestro fútbol, también se encuentran envueltos en líos de barras por peleas internas entre sus facciones. Hoy le tocó el turno a la ‘U’, que deberá jugar el domingo sin hinchas en su tribuna Norte, luego de que se registraran grescas al interior de la barra en la previa del encuentro ante León de Huánuco. Así las cosas, va siendo hora que clubes y autoridades pongan las barbas en remojo y elucubren alguna solución, de una vez y por todas.

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