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Hasta que por fin se vislumbra humo blanco en los predios de la Videna. Salvo por algún detalle menor, las cartas de la FPF parecen estar ya sobre la mesa. Ricardo Gareca será el nuevo entrenador de la selección mayor de Perú, mientras que Reinaldo Rueda -con cuatro Mundiales, entre mayores y juveniles- será quien lleve las riendas de las selecciones juveniles.
La apuesta no solo suena coherente, sino que revela que en las oficinas de la federación hay personas con visión a futuro y un proyecto articulado para refundar de alguna forma nuestro alicaído fútbol.
Las razones de esta elección parecen lógicas. Descartada de plano la contratación de un técnico A1 del nivel de Bielsa, Sabella o Rijkaard, era previsible que se buscara un técnico que conociera el medio peruano y que generara cierto consenso dentro de la afición. Y aunque Gareca no tiene el apoyo de Markarián en sus inicios al frente de Perú, cierto es también que el argentino hoy por hoy es considerado un DT exitoso.
Quizá el principal escollo que deberá sortear el ‘Tigre’ sea el pobre universo de jugadores de primer nivel que hoy exhibe nuestro medio. Y es que para competir de igual a igual en las Eliminatorias a Rusia 2018 se requiere más que convicción y carisma.
La trayectoria de Rueda, por su parte, revela que el colombiano es un gran formador. Hizo un trabajo de base en Ecuador y los resultados saltaron a la vista al poco tiempo. Por ello, saludamos la decisión de apostar por un técnico serio y comprometido como él para encaminar a las nuevas generaciones de futbolistas en el país. Así, Rueda será el encargado de imprimirle a Perú un estilo de juego y un método de trabajo integral, que abarque todas las divisiones y que asegure el crecimiento técnico y deportivo de los jugadores.
No recuerdo la última vez que la FPF tuvo a bien pensar en el largo plazo y en un proyecto formativo de largo aliento. Desde esta columna, espero fervientemente que -al margen de los resultados y la coyuntura deportiva- este sea un verdadero proceso y que durante los próximos ocho años la afición, el periodismo y sobre todas las cosas, los clubes, se sumen a esta cruzada para que el fútbol nacional salga del hoyo en el que hoy se encuentra entrampado.
