Que un club peruano haga pretemporada en España debe ser un lujo. Alianza, con la base del 2014 (salvo Ibáñez, otro lujo) y bajo el mando del mismo técnico, Guillermo Sanguinetti, se dio ese gusto. Pese a ello, debutó en la Libertadores con un 4-0 en contra como local ante un discreto Huracán argentino. George Forsyth, ante la prensa, admitiría entonces con serenidad digna de arquero, que les faltó prepararse.
Luego del partido, los jugadores Christian Cueva y Miguel Araujo tuvieron un entredicho con un grupo de hinchas. Mientras Cueva encaró con improperios, Araujo atizó la gresca con un puñete al rostro de un aficionado. Al día siguiente, un grupo de barristas ingresó a Matute y golpeó a Cueva, Araujo y al uruguayo Gabriel Costa.
Tras el violento incidente, el presidente de la Agremiación de Futbolistas, Francesco Manassero, pidió la renuncia de la administradora Susana Cuba. Lo hizo con todo el plantel agrupado a sus espaldas. El mensaje, claramente, era que los futbolistas apoyaban la petición.
Mensaje que ya venía del 2014, cuando un representante, quien -cosa rara- manejaba hasta a ocho jugadores del plantel ‘grone’, pedía la renuncia de Susana Cuba. Obviamente, con la aprobación de sus representados, también exigía que se fuera Sanguinetti.
Con Cueva como el jugador más desequilibrante en la versión 2014, Alianza hizo una arriesgada apuesta este 2015 con Jean Deza. Un jugador aún más peligroso fuera, que dentro de las canchas. Hoy, el delantero de 21 años es noticia por su desarreglada vida personal antes que por lo futbolístico.
Con la palabra ‘corazón’ en el pecho, parece ser esa la máxima convicción de un equipo tan irregular como endeble. Los problemas, claro que sí, suelen unir y hacer más fuerte a un grupo; pero también terminan por quebrar la unidad en un clima tan adverso. En el mejor de los casos, el entorno enrarecido también distrae. Como cuando en pleno campeonato el arquero titular hablaba de su corta experiencia como alcalde antes que de fútbol.